Este gijonés es Prior del Monasterio de Santo Domingo de Silos. Poeta y filósofo bajo la sombra propicia de María Zambrano, es autor de brillantes ensayos sobre la soledad.
Estricto contemporáneo, su fe y sus convicciones distan de cualquier integrismo. Profundo demócrata mantiene en Silos un instituo filosófico dedicado a la memoria de Feijóo.
Víctor Manuel Márquez Pailos, prior del Monasterio de Silos, abriga, tras sus palabras, una luz que nadie puede apagar. Preciso, suave y generoso, nada humano le es ajeno; de su infancia en Xixón, de su años en la Facultad de Filología de Oviedo, le queda una melancolía sentida muy a la manera asturiana. No echa de menos lo que fue entonces sino aquello que pudo ser y no ha sido; pero esa melancolía no es ni mucho menos base de su presente, la de un monje de Silos que con humildad y paciencia manifiesta su esperanza de que “el hombre sea un hombro para el hombre”. Entusiasta y lúcido, confía en la bondad de los extraños que no se sitúen en ningún extremo, y abre las puertas de su alma a la luz que cualquiera lleva dentro.
Hablar, dialogar, aprender: esas son las debilidades de un hombre fuerte que se atreve a exponer su fragilidad, alguien que no ha dudado en meterse de hoz y de coz en el laberinto de la soledad para indagar el sentido de su existencia. Lector de María Zambrano, Víctor Manuel Márquez Pailos es un monje del siglo XXI. Alguien que lleva sobre sus hombros, a sus 42 años, una tradición venerable y la sostiene sin cegarse con las sombras del pasado. Este monje mira hacia el presente y hacia el futuro y confía en la razón, en la fe razonada, como tónico del entendimiento. La meta, ya lo he dicho, es hablar, dialogar, aprender.
En Silos propicia un encuentro entre diversos. El Aula de religión, pensamiento y cultura “Benito Jerónimo Feijoo” , que así ha bautizado el centro de estudios, se propone lo más difícil: conciliar contrarios, aproximar extremos, avanzar hacia lo más hondo. Su libro, El rostro de la soledad, merece la pena ser leído una y otra vez. Columnista de el diario El Comercio, tiene por divisa estas palabras claras de María Zambrano: “La visión humana no es externa a la vida; no hay visión objetiva, y, menos que nada, del prójimo, del semejante. Le vemos dentro de nosotros mismos”.
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