RTPA ,
24-01-2012 21:19 h
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha empeorado drásticamente su previsión de déficit para España en 2012 y 2013 hasta el 6,8% y el 6,3%, respectivamente, cifras que doblan el objetivo de déficit del 3% que debe alcanzar la economía española el próximo año, según recoge la institución en la actualización de su informe 'Fiscal Monitor'.
La organización presidida por Christine Lagarde ha revisado fuertemente al alza sus previsiones respecto a la edición de septiembre de su informe, concretamente en 1,7 puntos porcentuales para 2012 y en 1,9 puntos porcentuales para 2013. De esta manera, la economía española es la que ha visto empeorada en mayor medida sus cifras para estos dos años de todas la analizadas por el Fondo.
Asimismo, la institución ha actualizado su estimación sobre el déficit que ha registrado la economía española en 2011, elevándolo desde el 6,2% hasta el 8%, cifra que está en consonancia con la que prevé el Gobierno del Partido Popular surgido de las elecciones generales del 20 de noviembre.
De esta manera, el FMI cree que España se aleja aún más de los objetivos marcados para 2012, cuando debería alcanzar el 4,4%, y para 2013, año en el que el Pacto de Estabilidad y Crecimiento Europeo marca que debe cerrar en el 3%.
En esta misma línea, el FMI ha revisado al alza en 2,6 puntos porcentuales su previsión de deuda respecto al Producto Interior Bruto (PIB) para 2011, que ascenderá hasta el 70,1%, en comparación con el informe de septiembre. Sin embargo, este deterioro será aún mayor en los dos ejercicios posteriores, ya que ha empeorado sus estimaciones en 7,9 puntos porcentuales para 2012, hasta el 78,1%, y en 11,2 puntos porcentuales para 2013, hasta el 84%.
Pese a esta revisión al alza de sus previsiones de déficit, el FMI destaca que España, como otras muchas economías avanzadas, ha aprobado ya nuevas medidas para lograr alcanzar sus objetivos de déficit.
Así, subraya el primer paquete de medidas adoptado por el nuevo Gobierno español, que equivale al 1,1% del PIB, incluye recortes del gasto e incrementos temporales de impuestos a los ingresos, el capital y las viviendas de mayor valor, pero también supone un limitado incremento del gasto social y fiscal, como son las deducciones por vivienda.