RTPA ,
12-01-2011 21:00 h
Las fuertes lluvias que han caído en los últimos días se han cobrado la vida de al menos 57 personas en la región montañosa del estado de Río de Janeiro, mientras que unas 180.000 personas se encuentran damnificadas en el sureste de Brasil a consecuencia de las inundaciones y los deslaves de tierra.
Teresópolis, ubicada a unos 80 kilómetros de la ciudad de Río de Janeiro, es la zona más afectada de ese estado con un total 48 muertos por las inundaciones y los aludes registrados en las últimas horas, según datos de Defensa Civil divulgados por el diario 'Folha'.
El alcalde de esa localidad, Jorge Mario, ha decretado el estado de calamidad al alertar de que los habitantes están viviendo una "verdadera catástrofe".
Por otro lado, la población de la tercera ciudad de Australia, Brisbane, afrontó hoy nuevas riadas generadas por las inundaciones que afectan al estado de Queensland, donde han muerto al menos 12 personas y hay 200.000 damnificados.
Las autoridades indicaron que todavía falta una última crecida mañana, cuando el nivel del agua del río Brisbane alcanzará los 5,2 metros, 30 centímetros menos de lo que se había previsto en un principio porque las condiciones meteorológicas mejoraron algo esta jornada.
Los expertos prevén que la próxima subida, que coincide con la pleamar, afectará a 19,700 casas y 3.500 comercios, según un modelo generado por ordenador.
En la primera crecida, el nivel del Brisbane subió hoy a los 4,5 metros porque se pudo controlar el caudal del sobrecargado embalse Wivenhoe, próximo a la ciudad de 2 millones de habitantes, a raíz de que no llovía.
Aun así, 35 de los 50 suburbios de Brisbane resultaron afectados, calles enteras con viviendas y negocios quedaron anegados, el contenido de las cloacas se vertió en el río y las plantas de tratamiento de agua potable se vieron afectadas.
El agua destrozó las terminales de los transbordadores que sirven de transporte público a lo largo del río y arrancó de sus amarres a algunos barcos, que iban a la deriva por la piscina gigante en la que se convirtió el centro de la ciudad.
"Siento horror y asombro por el poder que tiene este río y no paro de pensar en la gente cuyos medios de vida se le escapan delante de nuestros ojos", manifestó el alcalde Campbell Newman.
Newman calculó que la ciudad necesitará dos años para recuperarse de los daños sufridos y cuyas estimaciones ascienden a miles de millones de dólares.
Miles de ciudadanos están evacuados y pasarán la noche en viviendas de amigos o familiares o en los centros de emergencia, y la Policía cerró el acceso a zonas del área metropolitana para evitar a los curiosos y que regresara algún residente incauto.
Las mismas escenas de caos vividas en Brisbane se vivieron en Ipswich, al oeste de la capital provincial, donde unas 4.000 viviendas quedaron afectadas por el agua del río Bremer, cuyo caudal se aproximó a los 22 metros de altura.