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EFE, 17-06-2016 20:12

Avilés

Bauluz documenta la angustia de los refugiados tratados "como cucarachas"

Inaugura en Avilés una exposición con imágenes de su último viaje

El fotoperiodista Javier Bauluz inaugura en Avilés una selección de imágenes de su último viaje junto a los refugiados que huyen de la guerra con sus hijos a cuestas en un angustioso camino en el que, según explica, son tratados "como cucarachas por unos y como personas por otros".

El primer español en obtener un Premio Pulitzer resume en sesenta fotografías las más de 120 jornadas sobre el terreno junto a la oleada de refugiados que se adentra en el corazón de Europa continental huyendo del conflicto bélico.

El fundador y director de "Periodismo humano" acompañó a estas personas, mochila al hombro, desde su llegada a las islas de Lesbos y Kos, en Grecia, donde desembarcan tras un peligroso y muchas veces fatídico viaje por el mar Egeo desde las costas de Turquía.

Familias, principalmente sirias, iraquíes, afganas e iraníes, que atraviesan, muchos de ellos con sus hijos pequeños a cuestas, los territorios de Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría, Austria, Alemania, Holanda y Francia en busca de un lugar seguro.

En ese periplo, que transcurre gran parte del tiempo a pie por abandonadas vías de tren, autopistas y caminos, Bauluz pudo comprobar y documentar el dolor y la angustia de estas personas que, además, como añadido, se ven sometidas al sufrimiento infringido por una xenofobia que brota y crece en determinados lugares de Europa.

"Buscando refugio para mis hijos" es el título de esta muestra seleccionada para el Centro Cultural Niemeyer, que es sólo la antesala de un trabajo de mayor envergadura con el que denuncia un drama humanitario que Europa no está afrontando como muchos querrían, entre ellos el propio Javier Bauluz.

El fotoperiodista habla del sentimiento que inevitablemente se mueve detrás del objetivo de su cámara mientras hace su trabajo, del pensamiento de un hombre que conoce bien este tipo de dramas, que en el momento actual están marcando uno de los peores episodios de la historia reciente de occidente.

"Curiosamente, me impresiona lo contrario, yo creo, de lo que pueda pensar la mayoría de la gente; me impresionan mucho más y me emocionan mucho más los actos de empatía con los refugiados, que toda la xenofobia que sufren durante todo el camino, y todo el dolor, el miedo y la angustian que viven".

"Me refiero a la empatía, por ejemplo, al llegar a Austria -aunque ahora parece que están cambiando de política-, con una recepción a los refugiados, como personas, como seres humanos, eso fue muy emocionante, no sólo para mí, si no para ellos", comenta.

Todo ello, en total contraste con otros momentos "en los que se les trató como a cucarachas por parte, no sólo de policías, si no por ciertos ciudadanos de distintos países que se creen superiores".

Bauluz fue testigo, por ejemplo, de cómo algunos de esos "ciudadanos superiores" que viven en la Europa confortable "maltrataban a un señor que era médico cardiólogo y que huía de la guerra caminando junto a su mujer y sus hijos".

Una imagen, la de este cardiólogo y su familia, que resume la esencia de lo que Bauluz va a colgar en las pareces del Centro Niemeyer hasta el próximo 18 de septiembre.

Pero más allá del comportamiento xenófobo de esos ciudadanos, está el de sus gobiernos, el los gobiernos de los países convertidos en escenario obligado para estos refugiados, advierte.

"El ministro del Interior decía que los refugiados eran como goteras que invadían nuestra casa. Este señor se dedica a hacer deportaciones ilegales en Ceuta y Melilla, de modo que del Gobierno español no me extraña absolutamente nada", lamenta.

"Me ha sorprendido que los países no hayan hecho lo que tenían que hacer y, curiosamente, la única gobernante que ha cumplido la legalidad y la humanidad ha sido Angela Merkel, que ha puesto a salvo -y es un hecho, no son palabras ni opiniones-, a un millón de personas", recalca Javier Bauluz.

La realidad de este fenómeno migratorio y de los que provocaron otros conflictos recientes en otras partes del mundo llega a la opinión pública gracias a un trabajo, a una profesión que Bauluz considera que es difícil de ejercer, sobre todo "dependiendo de dónde te metas y de lo que quieras contar".

Sin embargo, "lo más difícil hoy en día es que alguien te pague por ello", comenta Bauluz, que asegura que un Premio Pulitzer no garantiza tener trabajo "y menos en España".

"Siempre he pensado que vales lo que vale tu última foto, está bien que te den un premio y que se reconozca tu trabajo pero se supone que tienes que seguir haciéndolo y hacerlo lo mejor posible", sostiene.

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